Cuando las amistades pesan más que tu familia

Hay una edad en la que tu casa deja de ser el centro del mundo. De repente, lo importante ya no es lo que dice tu madre o tu padre, sino lo que opinan tus amigos. Y no pasa de golpe, ocurre poco a poco.

Primero dejas de contar ciertas cosas en casa, luego empiezas a pensar más en “qué dirán” que en “qué quiero”. Y un día te sorprendes haciendo algo que, si lo piensas bien, no va nada contigo. Pero lo haces igualmente, porque todos lo hacen, porque no quieres quedarte fuera del grupo, porque es importante pertenecer a él y porque no quieres que piensen que eres el raro.

A esa edad, el grupo de amigos es como un imán. Te da identidad, seguridad, risas, planes, y muchas historias para contar. Te hace sentir que formas parte de algo. El problema es cuando sin darte cuenta empiezas a vivir según las normas del grupo y no según las tuyas y los valores que te han inculcado en casa.

Cuando te callas una opinión para no discutir, cuando haces ver que algo te gusta aunque por dentro no te convenza. Aceptas planes que no te apetecen solo por no quedarte solo un sábado y termina cruzando límites que antes tenías claros.

Y ahí es cuando el grupo deja de ser apoyo y empieza a ser presión.

Mientras tanto, en casa, muchas veces parece que no entienden nada, que exageran cuando te dicen algo, que están pasados de moda. Solo saben decirte que no hagas esto o aquello. Y sí, a veces es verdad y otras veces se equivocan. Pero también es verdad que ellos no compiten por encajar. No necesitan demostrar nada. Y por eso ven cosas que tú ahora mismo no ves.

No se trata de hacer siempre caso a tu familia, se trata de no perderte a ti por intentar gustar. Porque crecer no es rebelarte contra todo. Crecer es empezar a elegir por ti mismo, aunque eso signifique no dar la razón siempre a las amistades.

Y eso cuesta mucho. Porque decir “no” cuando todos dicen “sí” da miedo. Porque separarte un poco del grupo de amistades duele. Porque pensar por tu cuenta cansa. Pero también es ahí donde empiezas a ser tú de verdad.

Los grupos de personas cambian, las etapas pasan y la gente va y viene.  Pero tú te quedas contigo toda la vida.

Así que la próxima vez que estés a punto de hacer algo solo por no quedarte fuera, párate un segundo y pregúntate ¿Esto lo quiero yo o lo quiero para encajar?

Si dudas, ya tienes la respuesta.


Publicado

en

por

Etiquetas: